jueves, 28 de junio de 2012

Hasta el último minuto: un ejemplo de lucha para las nuevas generaciones

Noventa días de campaña electoral llegaron a su fin, tres días de veda por delante y una cita con la historia el próximo domingo, en que millones de ciudadanos saldremos a votar para elegir el México que deseamos.

Ha sido una travesía larga, accidentada, turbulenta en ocasiones, pero de ningún modo aburrida; nunca cansada. Al menos no para el Sr. Palermo Galindo, de Poza Rica, Veracruz.

Palermo Galindo saltó a la fama en redes sociales cuando, el mismo 31 de marzo, al comenzar las campañas, se plantó, armado solo con un letrero hecho con sus propias manos, y mostró su apoyo a la candidatura de Andrés Manuel López Obrador. La imagen, tuiteada por el locutor pozarricense Luis Ángel Marín (@luisangelmarin) daba cuenta del compromiso y entusiasmo del señor Galindo:


Durante semanas después del 31 de marzo, seguía coméntandose y compartiéndose en Twitter esa foto. Un ejemplo a seguir.

Anoche, al terminar la etapa de proselitismo y entrar por ley en veda electoral, muchos se fueron a dormir temprano, a descansar. Pero no Palermo.

Palermo Galindo volvió a salir a la calle. De nuevo solo, de nuevo montando con sus propias manos una pequeña mampara, que iluminó con foquitos de navidad y adornó con leyendas y consignas de su autoría. Haciendo campaña hasta el último minuto.



Segundos antes de las doce de la noche, Palermo apagó los foquitos y comenzó a desmontar el improvisado stand proselitista. "Una vez apagando las luces ya no hay sustento legal para que estos cabrones me digan nada", comentó divertido en alusión a la veda. Con paciencia, meticulosamente, fue desarmando el caballete donde exhibió dos posters grandes de AMLO, uno de cada lado. Respetuosamente dobló y guardó la banderita de México que puso a un lado de la foto del Peje. Y mientras guardaba sus cosas, compartía su visión de este México donde por fortuna, dice, los jóvenes "están despertando":

-Uno ya vivió, bien que mal ya hizo su vida, pero los jóvenes, ojalá ellos no pierdan el entusiasmo que mostraron en esta campaña-, expresa. Comenta sobre el movimiento estudiantil del 68: "a muchos terminó aplacándolos el gobierno; bueno ¡a los que sobrevivieron! El gobierno les repartió becas en el extranjero, les dio cargos públicos, los cooptó. Ojalá estos jóvenes de hoy quieran participar en política, porque ellos son los que van a gobernar este país".

El Sr. Galindo vivió 32 años en los Estados Unidos, donde publicó un libro sobre Topografía, la profesión a la que se ha dedicado desde muy joven. Es egresado de la Escuela de Ingeniería Municipal, en el DF. Tras una vida de trabajo duro, se jubiló y hace apenas 4 años regresó a México porque, según confiesa, tenía un pendiente en la vida: "cuando llegué al otro lado llegué solo; tuve que aprender a cocinar, a hacer limpieza, a plancharme la ropa. Todo lo que aquí me hacían en casa sin que yo moviera un dedo. Ahí entendí que el chiste de esto es aprender a servir, no esperar que le sirvan. Me prometí que yo iba a regresar a México a servirle a los demás".

Y eso ha hecho: Palermo da cursos de capacitación para formar técnicos topógrafos, y en no pocas ocasiones su paga es simplemente el agradecimiento de sus estudiantes: "De repente algún cabrón de esos que nunca faltan me dice: oye Palermo, ¿por qué a tus otros alumnos no les cobras y a mi sí me estás cobrando el curso? Le respondo: pues muy simple, porque tú no estás jodido", ríe. Pero se pone serio cuando comparte su punto de vista sobre la misión educativa: "Algunos maestros se quejan de lo mucho que trabajan, y todo para que los alumnos ni lo agradezcan. Es una pendejada. La educación no es para formar súbditos. Es para compartir los conocimientos que tienes, y que el alumno llegue a ser más chingón que tú. Si no, ¿pa' qué?".

Seis horas después de instalarse en el crucero de costumbre, Palermo Galindo terminó de desmontar la mampara y ahora se encamina a su casa, a su pizarrón lleno de croquis y fórmulas, a su sala donde se apilan las placas de unisel, las reglas, un viejo restirador y muchos, muchos libros. Amablemente invita a regresar "para platicar con más precisión las cosas", y mientras cierra el portón de su casa se dibuja en su rostro, radiante, una sonrisa. Puede sentirse satisfecho, sin duda. A sus 80 años ha luchado en esta campaña como el mejor. Hasta el último minuto.

Comentarios: renegadolegitimo@gmail.com
Twitter: @RenegadoL

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