martes, 23 de febrero de 2016

Las últimas horas de Javier Duarte

Se tardaron meses, algunos dicen que años, pero por fin desde Los Pinos se tomó la decisión: Javier Duarte de Ochoa se va del gobierno de Veracruz. Pedirá licencia al cargo en cuestión de horas. Se resistió hasta el último momento, hasta que se impuso la realidad: su salida era una "recomendación" -por no decir una orden- de Enrique Peña Nieto, aquel de quien Duarte se dijo "el único amigo" del presidente en tierras jarochas. Su propio amigo autorizó su remoción, que le fue comunicada por Manlio Fabio Beltrones y Miguel Ángel Osorio Chong, en una perfecta operación conjunta PRI-gobierno, para cerrar la pinza y no dejar lugar a dudas: para el gobierno federal, Duarte es un apestado, un cadáver político que ya empezó a pudrirse y a descomponer el proceso electoral en puerta.

Es tal el caos político, financiero, social, de seguridad, etcétera que deja Duarte en el estado, que el gobierno federal tuvo que operar con precisión de relojería su salida, pues, nos informan desde adentro, en algún momento Duarte de Ochoa, arrinconado, amagó con descarrilar la candidatura del abanderado priísta Héctor Yunes Landa, y si bien el aún gobernador ya no tiene fuerza política para reventar el proceso -se ha quedado completamente solo porque ya hasta sus incondicionales lo abandonaron-, a nadie en el PRI nacional le interesa complicar más la ya de por sí difícil elección veracruzana. 

"No hay nada más que hablar"

Nos informa "Garganta Profunda" que a Duarte lo citaron el lunes 22 por la noche en la Ciudad de México para comunicarle la decisión y recomendarle que preparara su salida del gobierno. Ni siquiera le permitieron opinar sobre quién será designado para relevarlo y terminar los 9 meses que restan de esta administración. Acorralado, herido, ciego de soberbia, hizo un último intento para defenderse y permanecer en el cargo, intentona que fue cortada de tajo por Beltrones, quien exasperado, le soltó a quemarropa: "No hay nada más que hablar, Javier". 

Y luego, la advertencia: es la licencia, o el desafuero. Si no se iba voluntariamente, le abrirían juicio de procedencia y nadie le garantizaría inmunidad. Por fin, aniquilado, cedió


Rumbo al exilio, pero...¿a dónde?

Cuando por fin se dio cuenta de su naufragio personal, ya no tuvo duda: su carrera política está acabada; su nueva misión es librar la persecución que ha comenzado a desatarse en su contra. Duarte está desesperado: se siente traicionado por su partido y no está dispuesto a ir a la cárcel para servir, según él "de chivo expiatorio" (así se considera). Por ello, nos informan, desde la madrugada de hoy, encerrado a piedra y lodo en su residencia de Xalapa, Duarte hace maletas. En exclusiva nos revelan: una vez presentada la solicitud de licencia al Congreso del Estado, Duarte de Ochoa saldrá del país, algo que contempló desde muchos meses atrás, aunque no se sabe si se refugiará en España luego del susto que las autoridades ibéricas le pegaron al gobierno mexicano con el caso Moreira

Javier Duarte de Ochoa vive sus últimas horas como gobernador de Veracruz, un cargo que ya no ejerce porque se ha quedado sin peso político, sin fuerza y sin apoyos. Desde Los Pinos hasta el último de sus colaboradores le han dado la espalda. Nadie quiere cargar con un cadáver, y todos quieren deshacerse de él. Es cuestión de horas para que en Veracruz termine la pesadilla.


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